Un futbolista holandés en bicicleta a ver a las Madres

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En pleno Mundial de 1978, el defensor Wim Rijsbergen contempló emocionado los rostros de las Madres de Plaza de Mayo llenos de dignidad y dolor.


El 1 de junio de 1978 el mundo se preparaba para ver el Mundial de Fútbol en la Argentina. Las calles se llenaron de papelitos y banderas celestes y blancas. Mientras tanto, las Madres de Plaza de Mayo quebraban el silencio impuesto por la dictadura militar que seguía secuestrando, asesinando, violando y desapareciendo gente.

Esas mujeres, con pañuelos blancos sobre sus cabezas, daban vueltas en torno de la Pirámide de Mayo y delante de los micrófonos de los periodistas extranjeros (de las cadenas de televisión inglesa BBC, holandesa y sueca) aprovechaban el momento para denunciar a viva voz y ante los ojos del mundo los crímenes de la dictadura.

Marta Moreira de Alconada Aramburú se abrió paso entre un grupo de señoras que se acumulaban frente al micrófono en la Plaza de Mayo, sin saber que lo que diría la inmortalizaría para siempre. “Nosotros solamente queremos saber dónde están nuestros hijos. Vivos o muertos, pero queremos saber dónde están. Ya no sabemos a quién recurrir: consulados, embajadas, ministerios, iglesias, todas partes se nos han cerrado las puertas. Por eso les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza. Por favor, ayúdennos. Ayúdennos, por favor. Son nuestra última esperanza”, rogó a un periodista holandés que no solo llegó a Argentina aquel invierno para transmitir noticias en relación con el Mundial 78, sino también para informar sobre las desapariciones de hombres y mujeres en manos de la dictadura militar que reinaba entonces.

Los periodistas no solo cubrían los partidos del campeonato de fútbol también se dedicaron a escuchar y recoger los testimonios de madres y abuelas que buscaban a sus hijos e hijas secuestrados o sus nietos robados.

La selección holandesa de fútbol, que venía de perder 2 a 1 la final del mundial anterior contra Alemania Occidental en el Estadio Olímpico de Munich, llegó a la Argentina para disputar la Copa del Mundo sin su estrella, el delantero Johan Cruyff.

Muchas fueron las versiones que circularon acerca de la ausencia del genial jugador. Algunos aseguraron que Cruyff quería encabezar un boicot contra la dictadura militar argentina; otros señalaron que había tenido un desacuerdo con la federación holandesa de fútbol respecto a los premios. También se dijo que no tenía intenciones de lucir los símbolos de la marca Adidas con la camiseta de Holanda, ya que era auspiciado por Puma (de hecho, en su momento se quitó una de las tres tiras en las mangas de la camiseta naranja por su contrato personal).

En 2008, unos años antes de la muerte de Cruyff a los 68 años, el holandés confesó que la razón de su ausencia del Mundial ’78, a pesar de haber disputado la serie clasificatoria con su selección, se debió a que tanto él como su familia habían sufrido un intento de secuestro en Barcelona en los meses previos al inicio de la competencia. “Charly (por Rexach) debe saber que tuve bastantes problemas al final de mi época como jugador aquí y no sé si sabe que en ese momento vino alguien con un rifle a mi cabeza, estaba atado, mi mujer atada, los niños en el piso de Barcelona… Hay momentos en que hay otros valores en la vida”, explicó el astro del fútbol holandés en una entrevista.

Tras el intento de secuestro la policía vigiló durante “cuatro meses” la casa de la familia, a sus hijos y a él. Traumatizado, Cruyff renunció al mundial y hasta amagó con retirarse del fútbol. Además de su renuncia al Mundial, este episodio provocó su salida del FC Barcelona con destino Estados Unidos. De esta manera, Cruyff no pudo liderar a una selección que llegó a la final del Mundial de 1978, pero acabó siendo derrotada 3-1 por el equipo argentino dirigido por César Luis Menotti, que alzó por primera vez la copa.
Antes de esa final, Holanda disputó los partidos de la serie de grupos en el Estadio Malvinas Argentina de Mendoza ganando a Irán y a Escocia 3 a 0 y 3-2, respectivamente y empatando sin goles ante Perú. Luego venció a Austria 5 a 1, empató 2 a 2 con Alemania Federal en el Estadio Olímpico de Córdoba y venció a Italia 2 a 1 en el Estadio Monumental.


El defensor holandés Wim Rijsbergen, quien jugaba en el Feyenoord, llegó al Mundial 1978 con 26 años, había nacido el 18 de enero de 1952. El 11 de junio, en el partido que Holanda perdió 3 a 2 con Escocia en Mendoza, a los 44 minutos del primer tiempo Rijsbergen se lesionó. Había sido titular en los partidos con Iraán y Perú. Rijsbergen ya no volvería a jugar en el certamen pero se quedó en el país.

Una tarde Wim alquiló una bicicleta para ir hasta la Plaza de Mayo con el objetivo de conocer a las Madres de Plaza de Mayo que hacía un año habían decidido estar en ese lugar emblemático de la ciudad de Buenos Aires frente a la Casa de Gobierno. Querían estar allí, mostrarse ya que nadie les daba una respuesta a su pregunta: “Queremos saber dónde están nuestro hijos”. El defensor vio los rostros de esas madres llenos de dignidad y de dolor.

Azucena Villaflor, que lideró a las Madres hasta su desaparición en diciembre del 77, arengaba a las demás después de las infructuosas visitas a los despachos oficiales: «Así no conseguimos nada. Nos mienten en todas partes, nos cierran todas las puertas. Tenemos que ir directamente a la Plaza de Mayo y quedarnos ahí hasta que nos den una respuesta. Tenemos que llegar a ser cien, doscientas, mil madres hasta que nos vean, hasta que todos se enteren y el propio Videla se vea obligado a recibirnos y darnos una respuesta».

Wim sabía que iban a juntarse el jueves, como todos los jueves, de dos en dos, tomadas del brazo y dando vueltas alrededor de la estatua de Belgrano. “Mirá, ahí están de nuevo esas locas”, escuchaban que decían quienes pasaban cerca de ellas, que seguían dando vueltas alrededor de la estatua.

Acaso al jugador holandés le había llegado aquella noticia que uno de los diarios argentinos (Crónica) publicó. «Un nutrido grupo de representantes de la prensa extranjera responsables de cubrir el Mundial, se dio cita ayer en Plaza de Mayo para recoger el testimonio de medio centenar de mujeres que afirman ser familiares de personas desaparecidas ‘por razones políticas’”.

El periodista Italo Cucci, director de Guerin Sportivo, una de las más importantes publicaciones deportiva italiana, concurrió uno de esos jueves a la plaza. Tras ser increpado por un transeúnte, quien le reprochó qué hacía en la Plaza de Mayo si había venido a ver la Copa del Mundo, Cucci conversó con las Madres y su encuentro quedó registrado en un recordado y desgarrador video:

Madre: -Hace dos años que estamos así. No quiero un hijo sólo, no quiero que aparezca sólo mi hijo. Queremos que aparezcan todos.

Periodista extranjero: -¿Cuántos son?

Madre: -¡Miles! Miles en todo el país.

Otra Madre: -Nosotras queremos saber dónde están nuestros hijos. Vivos o muertos. Dicen que los argentinos que están en el exterior dan una imagen falsa del país. Nosotras que somos argentinas, que vivimos en Argentina, le podemos asegurar que hay miles y miles de hogares sufriendo mucho dolor, mucha angustia, mucha desesperación y tristeza. Porque no nos dicen dónde están nuestros hijos, no sabemos nada de ellos. Nos han quitado lo más preciado. Angustia porque no sabemos si están enfermos, si tienen hambre, si tienen frío. Y desesperación porque no sabemos a quién recurrir. Por eso les rogamos a ustedes. Son nuestra última esperanza. Por favor. ¡Ayúdennos! ¡Ayúdennos, por favor!

El futbolista quedó conmocionado al ver a las Madres. Las observó emocionado y respetuoso portando las fotos de sus hijos desaparecidos. Muchos años después, Wim contó que cuando estaba en pleno mundial sabía acerca de las Madres y que había muchas personas desaparecidas en el gobierno militar.

Antes del viaje del seleccionado holandés a la Argentina para disputar el Mundial, los jugadores habían quedado en el foco de un debate en ese país porque diversas organizaciones civiles y de derechos humanos exigían un boicot al campeonato en rechazo a la dictadura de Videla. El plantel holandés siguió el consejo de su federación de separar al fútbol de la política.

Freek de Jonge y Bram Vermeulen, encabezaban un grupo solidario con los exiliados argentinos llamado Skan, que repudiaban el régimen de Videla y exigían un boicot al campeonato. «Nadie podrá decir, como en 1936 (los Juegos Olímpicos en Berlín, la Alemania de Adolf Hitler), que no lo sabían. Irán al Mundial como héroes, volverán como colaboracionistas», fue el mensaje de De Jonge y Vermeulen a los futbolistas holandeses.

“Había rumores acerca del régimen de Jorge Rafael Videla y que por esa razón los periodistas no eran muy positivos acerca de nuestro viaje a la Argentina. Pero los jugadores manteníamos la política y el deporte por separado. Además ir al Mundial era una chance de hablar con la gente allí”, explicó cuarenta y dos años después de aquel mundial.

Impactado por lo que había visto y escuchado en la plaza, Wim tomó de nuevo la bicicleta y pedaleó hasta el hotel donde sus compañeros de equipo –que no tenían permitido salir del hotel- escucharon lo que había vivido ese jueves. Aquel aguerrido defensor, de cabellera rubia y de 180 centímetros de altura, comprendió lo que pasaba en la Argentina del horror, comprendió a esas Madres de Plaza de Mayo, muchas de ellas más de 40 años después de aquellas rondas aún siguen buscando a sus hijos.