Las industria culturales y el hacer colectivo en la Patagonia

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El crecimiento de los centros urbanos en la Patagonia, va de la mano de la generación de diferentes industrias culturales donde el trabajo colectivo es la premisa. Los hacedores de lo creativo generan tanto identidad, como mercado.

Hay tradiciones artísticas que vienen de muchas generaciones atrás, que conviven con otras nuevas que surgen a medida que avanzan los tiempos y las ciudades aumentan en población y en servicios. La cantidad de escuelas y talleres públicos y privados de enseñanza artística de diferentes disciplinas, además del arribo de nuevos habitantes con inquietudes culturales que vienen de otras provincias a vivir al sur, son algunos de los motivos del hervidero que hoy se vive en esta parte del mundo.

Los más jóvenes demuestran que quieren generar nuevos proyectos y fomentar el arte en sus diversidades más contemporáneas, mientras que los de más experiencia abrazan a los artistas históricos para que su legado no sea olvidado. Juntos, ambas generaciones, pueden funcionar como entrelazados para armar equipos de trabajo infalibles.

Las producciones en teatro, audiovisual, artes visuales, letras, música y danzas genera cooperativas de trabajo por doquier, que se mueven tanto en los márgenes de la sociedad como en las industrias culturales más tecnológicas y especializadas. Estas formaciones expresan una forma de trabajo donde lo colectivo, la cooperación mutua y la pasión por el arte están por encima de todo. 

Estas industrias culturales generan miles de puestos de trabajo técnico artísticos, a la vez que configuran identidades propias de los anclajes a los diferentes territorios de la Patagonia. A través de estas industrias se implementan dinámicas de trabajo que forman parte de la estructura social y económica en el ecosistema cultural.

El cine y los proyectos en red

Hace unos días se dio a conocer un trabajo audiovisual en el que participaron un puñado de talentosos artistas de diferentes disciplinas y en variados roles. Se trata de un corto realizado con la banda neuquina Delta Calibre, en el cual se relata una historia del género Western, que hace honor a la identidad musical del grupo.

“No hay fronteras para la venganza” es el título de este short film, producción realizada en la Patagonia, con bellos paisajes que hacen de locaciones para las escenas de este cuento de pistoleros. Su director, es el talentoso Ezequiel López y, su productor, el realizador Javier Cea mientras que, Diego Aguirre, se hizo cargo de la dirección de fotografía. 

En total trabajaron casi 50 personas para la realización audiovisual de este short film,  un gran equipo. Este hecho demuestra que el cine en la provincia tiene una identidad y una capacidad de producción que promete. 

No es la primera vez que Delta Calibre presenta realizaciones audiovisuales de este tipo, hace tres años presentaron el video de “La Flor del Desierto”, un año después “Dead or Alive” y en el 2023 vinieron “La Frontera” y “La Venganza”, hasta llegar al short film que resume estas dos últimas producciones.

Los equipos de trabajo que se forman y en consecuencia las nuevas industrias culturales alrededor de estas producciones de cine, son características de cómo se dan las dinámicas artísticas que van en franco desarrollo en la zona y que demuestran que otras formas de producción en el arte y la cultura son posibles. Donde lo colectivo fortalece el hacer.

*Mariana Lesa-Brown es periodista y gestora cultural.