La Vuelta al Siglo XX en 100 Canciones, Temporada 1: Los 90/1995 y Common People

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Pocas sociedades le han dado tanta vuelta a su estructura de clase como la inglesa. Hablar de la gentry, la middle class o de las posibles desavenencias con la poor people’s es como charlar del clima allá. Los ingleses casi no tienen práctica de la vida social que no esté permeada por la temática (ahí está de ejemplo la frase esa que reza que “el fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros»). En Inglaterra, toda conversación protocolar en un punto es una gran charla sobre capas sociales, si hasta ahí se tuvo que ir Marx para terminar de pensar la cosa más en profundidad y ver cómo la cuna de la Revolución Industrial estaba delimitando como nadie los contornos de lo que hoy llamamos Capitalismo. 

En el arte el tópico fue un tema casi totémico, su grilla desde dónde narrar el ethos nacional. Janne Austen, la gran pluma de finales del siglo XVIII, se la pasó apuntando cosas sobre la conservadora estructura social de la campiña británica. La nacida en Steventon puso así en palabras las transformaciones sustanciales que en el hinterland productivo se habían ido produciendo en el siglo XVII y que habían coronado un espacio agrario más volcado al mercado y con una clase arrendataria que de a poco se colaba, con orgullo y prejuicio, en el olimpo de la nobleza. Y luego, casi como un relevo, el gran autor de la primera parte del siglo XIX, Charles Dickens, se volvió ídolo de multitudes al prosar con maestría la situación particular de los estratos tras el take off industrializador. Urbanismo, hacinamiento, humo, el combo de insumos que le reportó volverse la referencia cultural más importante de la centuria. Los ejemplos podrían acumularse de a cientos, la temática fue siempre una gran obsesión para los nacidos en la isla de Gran Bretaña.

Uno que desde el vamos supo de obsesiones sobre las clases, y de nacer en Gran Bretaña, es Jarvis Branson Cocker, cantante nacido en Sheffield en 1963 (aunque como buen británico, seguramente a la cabeza no estaba Kennedy si no Queen Elizabeth II). Criado en el seno de una familia humilde y abandonado por su padre a los siete años, aquel vivió desde su cuna el gran drama clasista nacional. Como John Lennon u  Ozzy Osbourne, hijos también del proletariado, Jarvis no tuvo que imaginar privaciones, progenitores ausentes o casas pequeñas infestadas de gente porque todo eso le vino con el combo, tamaño grande. Lo cierto es que encontraría en el arte la manera de sublimar un poco tanta marca vital, y formaría a finales de los 70 en su ciudad natal con sus amigos del colegio la banda Pulp, con la que sacaría su primer álbum It en 1983. Un hombre nacido para ser autobiografía.

Pero sin dudas fue durante el momento cumbre del brit pop, allá por 1995, donde aquellos dieron el salto con la publicación de la placa Different Class (un nombre que, o sea, digamos). Dicho disco, que consolidó a la formación en una suerte de tercera posición en una escena que se movía desde el refinamiento de Blur al éxito masivo de Oasis, contendría acaso sus dos hits más importantes, Disco 2000 y especialmente Common People, tema franquicia de la banda y acaso de todo el Brit Pop, y acaso de todos los 90. Canción total, especialmente en tándem con su videoclip, del que se ha escrito un montón respecto de cómo pudo sintetizar con sus luces de neón, su plasticidad, su lejano e irónico distanciamiento a todo la movida posmoderna de entonces. Una guía a los años del fin de la historia con mucha mejor cadencia que la de Fukuyama.

Resulta que el himno que escribió Jarvis Cocker, el tema que lo definió en tanto artista, ya desde su nombre nos indicaba que iba a meterse de lleno en la cuestión del clasismo, y lo hacía usando uno de los grandes tropos del género, el resentimiento plebeyo. Porque Common People es una canción en donde el odio de clase se destila de diferentes maneras que al final terminan creando una bella y dulce catarsis. ¿Por qué me invitan si saben como compongo?

La narrativa de la canción comenzaba con el relato del encuentro real suscitado en el St. Martin’s College entre Jarvis y una acomodada estudiante griega de intercambio. Vemos así cómo ella, suerte de hermana europea de la rubia tarada imaginada por Luca Prodan (cantante quien también se había educado en el Reino Unido), le demandaría a su interlocutor la posibilidad de conocer a la gente común. Una cheta pidiendo que le muestren al pueblo, así empezaba la historia, en obvia reminiscencia especular al Grand Tour que los aristócratas británicos realizaban por Europa a principios del siglo XIX para empaparse de la cultura continental. Una niña rica hablando con un grasa, Jarvis, queriendo ser invitada a sumergirse en el mundo de la common people.

“She came from Greece she had a thirst for knowledge / She studied sculpture at Saint Martin’s College / That’s where I / Caught her eye / She told me that her dad was loaded /  said, in that case I’ll have rum and Coca-Cola / She said fine / And then in thirty seconds time she said / wanna live like common people / I wanna do whatever common people do / Wanna sleep with common people / I wanna sleep with common people / Like you / Oh what else could I do / I said I’ll, I’ll see what I can do”.

El trip paródico de Jarvis y su compañera continuaba luego con la visita a un supermercado, el espacio en donde, sin saber bien por qué, para Jarvis debía comenzar ese viaje por la normalidad, por la falta de refinamiento. Ulises de Joyce, pero mersa. Lo interesante es que en aquel momento de la canción, nuclear, se ve cómo la simpática aventura se tornaba más bien la excusa para poder destilar el odio de clase a toda esa observación participante solicitada de manera tan poco elegante. Así, en un diálogo en donde la snob estudiante griega se reía por la falta de dinero de su compañero, este le respondería, “no veo a nadie más riéndose”, y aquella cerraría con un infantil “¿estás seguro’”. Ese remate debe verse como una muy apretada descripción de la falta de apego a la realidad de los adinerados, esa liviandad pasmosa que solo puede dar la riqueza y el linaje. A renglón seguido, la canción dibujaría una larga síntesis de cómo era ser common people, un listado repleto de cucarachas, puchos y demás amenazas de la pobreza, un estilo de vida  del que nadie podría reírse sin mostrar mala fe. Infierno predeterminado del que la acompañante de Jarvis podría salir cuando quisiera, por otro lado. Ella solo estaba de paso y bastaría solo con una llamada a su papito para ser rescatada y puesta a salvo.  

“I took her to a supermarket / I don’t know why / But I had to start it somewhere / So it started there / I said pretend you’ve got no money / She just laughed and said / Oh you’re so funny / I said; yeah / I can’t see anyone else smiling in here / Are you sure? / You wanna live like common people / You wanna see whatever common people see / Wanna sleep with common people / You wanna sleep with common people / Like me / But she didn’t understand / She just smiled and held my hand / Rent a flat above a shop / Cut your hair and get a job / Smoke some fags and play some pool / Pretend you never went to school / But still you’ll never get it right / ‘Cause when you’re laid in bed at night / Watching roaches climb the wal / If you called your dad he could stop it all, yeah“.

Repleto ya de la bronca de Jarvis por ser el mono de los platillos de una persona de las clases altas, el tema llegaría a su clímax en los párrafos siguientes, los últimos antes de repetir en un loop frenético el estribillo. En dicha parte, el autor seguiría con su descripción intensa de la vida de los pobres en los años posteriores a las transformaciones de Margaret Thatcher que hubiera enorgullecido, y hecho sonrojar al E.P. Thompson de La Formación de La Clase Obrera en Inglaterra. Todo para enrostrarle a su acompañante su falta de empatía, su nobiliario ensimismamiento. Le diría así a su interlocutora que cantara, que cantara con los normales, porque ellos cantarían con ella, más allá de considerarla una idiota que precisamente se reía de ser pobre y pensaba que ser así era cool y no, era de hecho un bajón. Serían los pobres su atracción, si, pero lo harían odiándola. Serían los pobres, como Jarvis, los que le darían paso por unos momentos a su mundo, pero ella sería siempre una turista en esos nueve círculos del infierno de Dante, y todos odian a los turistas. 

“Sing along with the common people / Sing along and it might just get you through / Laugh along with the common people / Laugh along even though they’re really laughing at you / And the stupid things that you do / Because you think that poor is cool / Like a dog lying in a corner / They will bite you and never warn you / Look out, they’ll tear your insides out / ‘Cause everybody hates a tourist / Especially one who thinks it’s all such a laugh / Yeah and the chip stains and grease / Will come out in the bath / You will never understand / How it feels to live your life / With no meaning or control / And with nowhere left to go / You are amazed that they exist / And they burn so bright / Whilst you can only wonder why“.

El gesto desafiante que caracteriza a Common People, en donde al menos por unos minutos la creatividad del común le podía ganar a las libras esterlinas y la heráldica del acomodado, por supuesto que tiene una larga tradición (especialmente fecunda en nuestro país, por caso con el Moral y Buenas Costumbres de Sergio Gramática y Pedro Braun, sito en el disco debut del punk en Argentina, nada menos). El tropo de la revancha de clases está hecho desde siempre en base a recortes, exageraciones, proyecciones, sesgos, prejuicios e incluso el machirulismo y el mansplaining. El propio Jarvis reconoció en entrevistas posteriores que la estudiante griega le había pasado mucha menos pelota que lo que dice la canción, y que varias cosas allí dichas solo habían sucedido en su, afiebrada, cabeza. No menos cierto es que aquel tropo en donde las clases bajas finalmente se vengan tiene especial potencia porque básicamente es de los pocos lugares donde pueden hacerlo, su imaginación. No en vano existe algo llamado Carnaval que en todo el mundo se ha mostrado como la expresión de una homeopática subversión del orden que en la vida real tiende a mostrarse más conservador.

Por otro lado, es interesante señalar que el éxito abrumador de Common People por momentos generó en el ambiente musical la sensación que el resto de la vida útil de la banda estuvo condicionado por esa gran canción. Esto no tiene mayor sustento empírico, Pulp no fue ni de cerca un One Hit Wonder, mirado con el criterio que se quiera ver, y de hecho casi treinta años después Jarvis and Co. vuelven a tocar y la noticia alegra a muchos, incluso en nuestro país a donde llegarán en noviembre (con la condición, claro, que para entonces todavía quede un país acá). Pero igual, sobre dicha interpelación aquel respondió muchas veces, entre ellas una en el Reading Festival de 2011 , con la que queremos cerrar esta primera columna para Postdemia .

En dicho evento, Pulp se disponía a cerrar su show con su canción más importante, como siempre. A diferencia de las imágenes del video del 95, el aspecto de los músicos era el de gente ya mayor, de banda vintage, de reunión. Y Jarvis Cocker tiraría antes de empezar el tema la siguiente frase “If Pulp are only ever remembered for this song, I don’t care, It’ sa good song». Si Common People era la única canción por la que serían recordados, a Jarvis le chupaba un huevo, porque era un temazo, traducido (?) 

La idea, conmovedora, era en verdad todo un statement, una especie de manifiesto. Como dijimos, aquella afirmación de que el único tema conocido de Pulp fue Common People no es correcta salvo que se tenga una vara demasiado rígida, o sencillamente mala leche. Claramente como todo hecho cultural bisagra, el tema tuvo un éxito difícil de imitar, pero eso no fue en desmedro del resto de la labor de Pulp. Sin embargo, en ese decir del artista lo de “me chupa un huevo es un temazo”, creo que había más que la mera respuesta a aquel estilete malintencionado. El Jarvis ido y vuelto del 2011 expresaba así, con su respuesta, todo el viaje de una banda que luego de ser la típica formación del secundario se había adueñado de los charts, los había perdido y ahí estaba de nuevo, tocando. “Me chupa un huevo es un temazo”, epitafio por adelantado de un artista extraño (porque taaaaan común no fue la vida de Jarvis Cocker) que volvía a munirse de su inteligencia, de su verba picante para volver a bardear, porque de eso también se trata la vida en los barrios plebeyos, en Argentina lo sabemos al menos desde el Martín Fierro.

*Fernando Casullo, Profesor en Historia – UNRN/Comahue. Director Escuela de Estudios Sociales y Económicos, ensayista.