Economía, empresas, consumidores y cambio climático

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La necesidad de un cambio de modelo socioeconómico está ganando centralidad. El capitalismo, tal y como lo conocemos, nos está llevando a lugares peligrosos e insostenibles: se consume o extrae más de lo que la naturaleza puede regenerar, se emiten gases contaminantes de manera indiscriminada, se fomenta el individualismo y millones de personas no llegan a cubrir sus necesidades básicas.

Cada vez más se habla de libertad, uno de los principios del capitalismo, pero pareciera escindido de la responsabilidad que debiera traer aparejada. Una mayor libertad debería exigir mayor responsabilidad, aunque de ella casi ni se habla.

A pesar de que la ciencia lo viene advirtiendo y demostrando hace tiempo, aún se siguen negando o minimizando los efectos el cambio climático. Pero lejos de ser una predicción de futuro, es algo que ya está ocurriendo: el modelo actual no es Sostenible en el tiempo. Una definición de Sustentabilidad podría ser “vivir gracias a lo natural pero sin abusar de la naturaleza”. Y son justamente los abusos, los excesos, los que acrecientan el cambio climático. Son externalidades negativas que este sistema aún no contabiliza y por ello no se responsabiliza (no estamos pagando los costos implícitos por extraer recursos no renovables o por emitir gases a la atmósfera de manera indiscriminada, entre otras).

Urge desafiar el capitalismo. Pasar de un paradigma competitivo a un paradigma de responsabilidad y colaboración, en el que se reconozca la interdependencia entre los sistemas naturales y sociales.

Y si bien los gobiernos tienen que hacer su parte, las empresas, incluyendo las pymes, pueden (y deberían) colaborar. Si no garantizamos la salud de los ecosistemas, no habrá materias primas para seguir produciendo ni tampoco clientes o consumidores sobre el planeta tierra. Como afirma el empresario y filántropo Stephen Schmidheiny, “no habrá empresas exitosas en sociedades fracasadas”.

Afortunadamente, están surgiendo nuevas formas de hacer negocios y empresas que eligen ser parte de la solución en vez de ser parte del problema. Ejemplo de ello son las Empresas B y las Empresas de triple impacto, las cuales se comprometen a generar un impacto social y ambiental positivo, al mismo tiempo que persiguen una rentabilidad (impacto económico).

A estas empresas también se las denomina “Empresas con propósito”, porque si bien tienen fines de lucro, deciden convertirse en agentes de cambio y tienen una razón para operar y hacer negocios que va más allá de los beneficios económicos. Se comprometen a tomar decisiones considerando las consecuencias de sus acciones para la sociedad y el planeta, tanto a corto como a largo plazo. En lugar de crear valor únicamente para el accionista, eligen crear valor para todos los grupos de interés (stakeholders).

No sé quién está leyendo esto. Pero si hay algo de lo que estoy segura que tenemos en común, es que somos consumidores/as. Por lo tanto tampoco estamos exentos de responsabilidad. Nuestras decisiones de compra importan, porque si dejamos de comprar productos con mucho envoltorio o envase las empresas deberían cambiar su packaging, porque si priorizamos productos más sustentables las empresas intentarían fabricarlos con tal de vendernos. Y lo que hacemos con lo que compramos y los residuos, también importa. ¿Le damos un segundo uso a las cosas? ¿reubicamos, reparamos, llevamos a reciclar?. ¿O solo usamos, tiramos y volvemos a comprar?

Los cambios que requiere el mundo son sistémicos e involucran a todos los actores. Ojalá estemos dispuestos a hacer nuestra parte.

*Gisel Pontet @ImpactandoProyectos realiza la gestión de proyectos sociales y ambientales Consultora B y de Triple Impacto Titular de Impactando Proyectos.