Cambio climático: la discusión política que nos debemos

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Millones de especies sufren los efectos del Cambio Climático en el mundo. Medios de comunicación y activistas ambientales llevan décadas advirtiendo que el ambiente está en crisis y la ciencia respalda esta información declarando la urgencia del cambio cultural en materia ambiental. En febrero del 2007, por ejemplo, el cuarto Informe del principal organismo científico mundial para la evaluación del cambio climático: Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publicó la investigación sobre gases de efecto invernadero.

El reporte señaló que hay evidencias concluyentes de un cambio climático y que éste es causado por las actividades humanas, principalmente debido al aumento de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles y la deforestación de principales espacios verdes del mundo. El informe vino acompañado del análisis de los probables escenarios climáticos que podrían presentarse para el año 2100. En su última publicación de este mismo organismo se advierte que las emisiones de gases de efecto invernadero deben alcanzar sus niveles máximos antes de 2025, y haberse reducido en un 43% antes de 2030 si aspiramos a limitar el cambio climático a 1,5°C para evitar una catástrofe absoluta, lo que termina siendo “un código rojo para la humanidad”.

Al parecer las señales de alerta son irrefutables, y en cada rincón del mundo podemos evidenciar los cambios climáticos sin ser expertos en el tema, pero… ¿De qué hablamos concretamente?

Los gases de efecto invernadero (GEI) se producen de manera natural y son esenciales para la supervivencia de los seres humanos y de millones de otros seres vivos, al impedir que parte del calor del sol se propague hacia el espacio, lo que explica que un planeta tan alejado de sol sea habitable y lo que nos deja ver, que como tales, los GEI no son los enemigos mortales que a simple vista parecen ser. El verdadero desequilibrio se produce desde la revolución industrial, donde tanto las industrias, como la desforestación y la agricultura, a gran escala que produce el desarrollo humano, hace que la emisión de estos gases ya no sea solo de manera natural entre los seres vivos y se comienzan a producir más gases de los que la atmosfera necesita para ser habitable; desequilibrio que desde entonces solo fue creciendo, sin dar respiro y aumentando la temperatura del planeta.

Los GEI son diversos y de orígenes disimiles, pero la reducción de ellos nos invita a cambios de hábitos, que son responsabilidad de cada habitante del planeta. El informe sobre emisión de gases que la ONU publicó en 2018 muestra que, a nivel mundial, lo mayores emisores son los países de China, Estados Unidos, la Unión Europea e India. Por cuanto Argentina para el 2021 quedó como el país número 155 del ranking de países por emisiones de CO2, formado por 184 países, en el que se ordenan los países de menos a más contaminantes. Y en recientes investigaciones de la NASA, producto de las lecturas que arrojó un satélite enviado en 2014, al espacio afirma que “se puede observar cómo Argentina es uno de los pocos países que captura más carbono del que emite y así obtiene un balance positivo respecto a la contaminación que emite, lo cual es muy importante para alcanzar la meta de no superar los 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales.”[1]

En nuestro país, el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero registra que la actividad que mayor cantidad de GEI emite es el sector energético que representa el 53% de emisión, seguido por el sector agropecuario con el 37%, dejando solo el 6% para las industrias y el 4% para los residuos, lo que nos obliga a pensar en cambios de hábitos cotidianos que no sólo implican la separación de residuos domiciliarios en origen sino también a pensar la lógica de consumidores que el capitalismo vino a instalar y que la crisis ambiental mundial deja en hacke, ya que los intereses económicos son una parte importante de la discusión, lo que implica la obligatoriedad de decisiones políticas que la ciudadanía debería exigir en cada reclamo.

 El planeta requiere repensarnos como seres responsables de la construcción de ciudades sostenibles e inclusivas, que apuestan por el cuidado de la tierra, el agua, los seres vivos y lo otro, ya que el respeto por lo otro es al mismo tiempo es el respeto por todos los espacios que transitamos los seres vivos. Innegable es que esto no será posible sin la toma de decisiones políticas que planifiquen nuevos modelos de desarrollo humano sustentables que las comunidades originarias de cada rincón del país vienen reclamando en cada paso que dan sobre la defensa de los derechos humanos que sistemáticamente son ignorados, violentados y que de hecho se evidencian en las plataformas de los y las candidatxs electorales que proponen las tratativas medio ambientales con una superficialidad tal que parece nula. Negar el impacto del cambio climático es un absurdo así como suponer que el desarrollo humano puede continuar a expensas de los recursos naturales del país, las sociedades en su conjunto nos debemos la reflexión sobre la planificación del desarrollo humano en bases amigables con el ambiente, ya que ambas cosas pueden darse sin ser por ello un obstáculo para el crecimiento económico de una región. 


[1] Fuente: https://www.infobae.com/america/medio-ambiente/2023/04/25/segun-la-nasa-la-argentina-es-uno-de-los-pocos-paises-que-captura-mas-carbono-del-que-emite/ visto 30/8/2023 9:30am.

*Sofia Fidelibus. Profesora de filosofía. Diplomada en Desarrollo humano. Coordinadora de la red de jóvenes promotores ambientales de la provincia.